Siempre
quise conocerlo, estrecharle su mano y tener al menos la oportunidad de
saludarlo y hablar cinco minutos con él, incluso pensé en visitarlo en el país
donde residía hace más de 40 años o en su defecto en su adorable Cartagena, que
visitaba con frecuencia. Y, hasta
inscribirme en los cursos de la Fundación Nuevo Periodismo que él creó. Empresa
harto difícil de emprender para mi dada las circunstancias.
No
es mucho lo que pueda decir acá, que ya no se haya escrito de él en muchos
idiomas, y menos ahora con motivo de su partida física. Considero que no serán
sólo Cien Años lo que se recordará a este hombre venido desde un desconocido y
polvoriento pueblo llamado Aracataca, cercano al Caribe colombiano sino, siglos
y más. No fueron pocos los infortunios de su vida aunado a la pobreza que tuvo
que sortear este colombiano devenido a universal con el pasar de los años.
Hace
poco vi en televisión a Gabriel García Márquez, el escritor más reconocido y
admirado de habla hispana muy cercano y creo no equivocarme, a otro genio de la
literatura universal Miguel De Cervantes, que también es de otra galaxia. Con
motivo de su onomástico.
El
Gabo celebró sus 87 años rodeados de su inseparable compañera y esposa Mercedes
Barcha y sus amigos más cercanos. Incluso el pasado 06 de marzo salió de su
casa por poco tiempo ante la insistencia y el acoso de fanáticos, turistas y
fotógrafos que querían verlo, ya un poco disminuido físicamente debido a los
rigores de la edad y de la enfermedad que lo aquejaba hace ya cierto tiempo,
pero siempre con la sonrisa caribeña y la flor amarilla en la solapa.
Aprovechando la ocasión le cantaron la conocida “mañanita” mexicana. Pocos días
después lo inevitable llegó: la muerte.
Nunca
la fama, el éxito; su cercanía con los poderosos y el poder, hicieron cambiar a
este hombre, amante del vallenato, el aguardiente y sus chistes subidos de
tono. Conservaba sus amistades de la primera hora y se reunía con ellos, cuando
la ocasión así lo dispusiese. Como el mismo lo dijo, en el fondo de su alma
nunca había dejado de ser el hijo del telegrafista de Aracataca.
Su
ambición al escribir era según lo confesó en varias ocasiones, que sus amigos
lo quisieran más. ¡Y vaya que lo logró! Y no sólo sus amigos. Sino millones en
el planeta. Puedo decir que son pocos los escritores en la historia de la
humanidad que hayan levantado tanta fascinación, querido y admirado en vida,
como el Gabo.
En
mi adolescencia era un lector de ocasiones, o de ráfagas. Hasta que ya de
adulto y después de varios años postergando su lectura pude comenzar a leer su
gran obra maestra “Cien años de soledad” desde ese momento y hasta ahora, he
leído con atención y esmero todo lo que este colombiano ha escrito. Pasando por
cuentos, novelas, reportajes periodísticos, relatos, entre otros géneros.
García
Márquez en Cien años de soledad, logra
cautivar desde el comienzo al lector con su narración y su imaginación incomparable.
Y, el pueblo de Macondo, sin duda el lugar imaginario más sorprendente de la
literatura en español. Tomado según el escritor, de la única finca bananera que
tenía escrito el nombre en el portal: Macondo.
Tenía
una capacidad impresionante para crear personajes inolvidables. Son conocidos
en todo el planeta, verbigracia: el coronel Aureliano Buendía, es el nombre que
más cita en sus otras novelas; Úrsula Iguarán, que adoptó como suyo los 17
hijos naturales de Aureliano Buendía, que murió en la novela un jueves santo al
igual que su creador; otro personaje inolvidable es Florentino Ariza de El amor en los tiempos del cólera, que
esperó pacientemente 53 años, 7 meses y 11 días para estar con el amor de su
vida. Y, así muchos otros personajes legendarios.
