Otra vez este desaliento y ésta
arrechera, el llamado día después no me deja pensar, coordinar y poner las cosas en la balanza, la frustración alcanza ribetes de hecatombe.
Será que acaso estamos condenados a esta pesadilla chaburra por más tiempo.
¡Dios mío! ya son casi 4 lustros, inimaginable por el peor de los agoreros en aquellos tiempos, qué hicimos como país para merecernos esto.
Siempre he escuchado de parte de los economistas, que se puede estar peor, pero aquí la capacidad de asombro se ha roto, no vale teorías, argumentos o cualquier otro artilugio para tratar de medio aguantar el carajazo.
Será que acaso estamos condenados a esta pesadilla chaburra por más tiempo.
¡Dios mío! ya son casi 4 lustros, inimaginable por el peor de los agoreros en aquellos tiempos, qué hicimos como país para merecernos esto.
Siempre he escuchado de parte de los economistas, que se puede estar peor, pero aquí la capacidad de asombro se ha roto, no vale teorías, argumentos o cualquier otro artilugio para tratar de medio aguantar el carajazo.
Ya no quiero escuchar excusas
banales, no entiendo, no comprendo de verdad que esta vez en muchísimo tiempo, las cartas estaban echadas a favor nuestro, no hay que ser un experto, ni mago.
Hasta el peor de los escenarios era favorable, luego de haber superado en los meses precedentes las más violentas y sangrientas manifestaciones que tengamos conocimientos con un alto costo de toda índole.
Llegó el momento crucial, el esperado, a troche y moche por todo el colectivo, pero llegó. Y, con ello la noche y con ella, la estrella en la alfombra roja.
La señora hacia su entrada triunfal esta vez con más ímpetu que las anteriores ocasiones, todos pendiente de lo que diría. Y, luego de una larguísima introducción harto conocida y haciendo énfasis en los géneros harto conocida también, soltó la ristra de ganadores y perdedores.
Hasta el peor de los escenarios era favorable, luego de haber superado en los meses precedentes las más violentas y sangrientas manifestaciones que tengamos conocimientos con un alto costo de toda índole.
Llegó el momento crucial, el esperado, a troche y moche por todo el colectivo, pero llegó. Y, con ello la noche y con ella, la estrella en la alfombra roja.
La señora hacia su entrada triunfal esta vez con más ímpetu que las anteriores ocasiones, todos pendiente de lo que diría. Y, luego de una larguísima introducción harto conocida y haciendo énfasis en los géneros harto conocida también, soltó la ristra de ganadores y perdedores.
¡No otra vez!
No podía creer lo que escuchaba, no hacía falta contratar plañideras, las lágrimas salían sin inconvenientes.
Me imaginaba que me llevaban en fila al caldaso para mi ejecución.
No podía creer lo que escuchaba, no hacía falta contratar plañideras, las lágrimas salían sin inconvenientes.
Me imaginaba que me llevaban en fila al caldaso para mi ejecución.