Laboralmente me encontraba en una posición privilegiada, en otras palabras, estaba en el cenit dentro de la organización, y con poca modestia, puedo decir que era muy apreciado y bien visto por las máximas autoridades y por un gran número de la gerencia alta y media. Sin embargo, esto no era suficiente, no me sentía con ganas, estaba desmotivado y como estancado. Ergo, necesitaba un cambio urgente, prácticamente era un zombie que cumplía horario laboral.
Ya tenía la fecha fijada para anunciarles a mis subalternos la decisión de mí renuncia postergada por años. Se me quebró la voz en varias oportunidades, pero salí airoso, pensé que iba a ser más traumático. No fueron pocas las palabras de cariño, agradecimiento, muchos sorprendidos y también de aliento, que recibí de muchos compañeros, en la semana que transcurrió desde la fecha de mi anuncio hasta el adiós definitivo.
Mi decisión de dejar todo atrás se viralizó en aquellos predios.
Mi mente estaba centrada en mi familia y especialmente en mí hija, mí pequeña gigante Sofía Alejandra, toda una "mujercita" cada día más madurita y juiciosa para su edad, con una personalidad y tozudez, bastante parecida a la mía, ya son once años, alegrándome la vida como la que más.
Honestamente nunca antes había llorado tanto en secreto, como en los días previos a este viaje, sólo por el hecho de no saber cuándo volvería a ver a mis afectos y especialmente a mi pequeña gigante. Mi "little one" de verdad desconocía que soy de lágrima fácil.
Por último y no por eso menos importante debo hacer mención especial a Gabriela, una mujer que conocí a mediados del año 2014, y desde entonces hemos mantenido una relación a trompicones, a troche y moche. Sin embargo, allí estuvo conmigo, en el último suspiro antes de tomar vuelo al viejo continente.
¡Dios mío! Aquí estoy y voy con todo, espero me eches una manito de vez en cuando.
Honestamente nunca antes había llorado tanto en secreto, como en los días previos a este viaje, sólo por el hecho de no saber cuándo volvería a ver a mis afectos y especialmente a mi pequeña gigante. Mi "little one" de verdad desconocía que soy de lágrima fácil.
Por último y no por eso menos importante debo hacer mención especial a Gabriela, una mujer que conocí a mediados del año 2014, y desde entonces hemos mantenido una relación a trompicones, a troche y moche. Sin embargo, allí estuvo conmigo, en el último suspiro antes de tomar vuelo al viejo continente.
¡Dios mío! Aquí estoy y voy con todo, espero me eches una manito de vez en cuando.

😭😭
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