Gandía fue el sitio que me invitaron par de amiguetes para pasar revista a la casa de la abuela.
Ésta pequeña ciudad anclada a orillas del Mediterráneo, que pertenece a la Comunidad de Valencia, no tiene nada que envidiarle a las archiconocidas playas del mundo, es más me atrevo a decir, que se puede sentar a comer en la misma mesa y hasta pedir un postre.
Tenia más de un año sin ir a la playa y para un mortal caribeño como yo, que ha tenido casa de playa; socio de un club con playa y piscina y con un clima privilegiado los 365 días del año es como mucho tiempo. Realmente la pasé genial en todos los ámbitos y especialmente después de haber pasado más de tres meses encerrado por el hijo de puta virus, que tiene arrodillado al mundo entero. ¡Quién lo iba a creer!
Quería sacarme la espina luego del largo claustro y lo logré en su máxima expresión...
Estamos en el comienzo de verano y la temperatura en la playa de Gandía, ronda los 36 grados que no pudieron doblegar nuestras ganas de pasarla bien, tomando whisky, cervezas y picando cualquier cosa para recordar tiempos no tan lejanos.
Los turistas habituales de la época no han aterrizado aún, debido a la pandemia. Pero ya se siente el calor y las ganas que tiene este puerto por recibirlos con los brazos abiertos, los servicios a disposición y recuperar el tiempo perdido.
Mientras disfrutaba de este paraíso costero fueron muchos los pensamientos y sentimientos que se me cruzaron por la mente. Haciéndome preguntas y respondiéndolas sobre los próximos pasos a seguir.

Me encanta la playa Gandia,es preciosa, gracias por hablar de ella 🥰🥰
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