sábado, 8 de septiembre de 2012

Tengo que aprender japonés

Una tarde soleada y despejada, aún las noticias que invadían los medios con relación a los trágicos hechos en la refinería de Amuay, no estaban claros y no se conocía con exactitud el número de víctimas fatales. Don Diego, mejor conocido en su entorno universitario como “Coyote” nos convocó a celebrar un año más de vida.
El festín lo celebró en casa de su novia, en los predios del Hatillo. El ambiente agradable y acogedor  como siempre. Estuvo amenizado por la compañía de sus padres y tías, también  los progenitores de la novia. Además de varios compañeros de la universidad que ya hemos hecho de este aniversario, un encuentro obligado para ponernos al día en diferentes materias, o para hablar pendejadas.
La parrilla montada y elaborada por el propio agasajado, despedía los olores llamativos y habituales. Para tomar, preferimos las birras, bien frías para la ocasión.
El tiempo pasó muy rápido y el ambiente se hizo más distendido y relajante, ya en la oscuridad de la noche, el cumpleañero convocó a los presentes para dirigir unas palabras, que no fueron tales. A trompicones  y cómo pudo, logró articular algunas de ellas. Anunciando que para el próximo año se casará con Aya, su novia y anfitriona del convite. A muchos de los presentes les cayó de sorpresa, a otros no tanto.
Entre la algarabía, el vino y las cervezas, las ganas de orinar se me incrementaron de manera exponencial. Acudí al baño por primera vez, a priori me llamó la atención el retrete, el modelo y los controles del lado izquierdo, aunque los nombres y funciones de aquellos tres  botones y una perilla estaban escritos en idioma japonés.
Procedí  a descargar todo el líquido  que hacía mella en mi organismo, y como quise ser curioso en el funcionamiento de la poceta. Toqué uno de ellos, sin reparar en el asunto. Velozmente y sin poder  reaccionar y esquivar, salió una especie de tubito con un chorro a presión del fondo de la letrina e impactó de frente en mi pecho y empapó mi camisa  inmediatamente, con desespero y al ver que el orine no había bajado, por descarte, pulsé otro de los botones y volvió a salir el susodicho tubito con el chorro a presión, esta vez  logré esquivar  el agua, que fue a dar directo a la pared.
 En mi desesperación por el caos que estaba causando en el baño, comencé a activar todos los controles, para ver con cuál de aquellos funcionaba y que cesara el chorro, no sé cuál toqué y el periscopio se sumergió nuevamente.
Supongo que estos controles son utilizados por las damas para su limpieza vaginal.
Analicé mi entorno, con más calma, vi que el orine aún estaba allí. Esta vez la lógica y dejando a un lado la curiosidad para otro ambiente y equipo. Bajé mi residuo líquido de manera tradicional, no sin antes traté de secar un poco aquella inundación, y dejar las cosas en su statu quo.
Abandoné el baño y me reí de mí mismo ante aquella situación embarazosa. Le comenté lo sucedido a  Freddy y Teresa. Las carcajadas no se hicieron esperar.
Espero en lo sucesivo si me consigo otra similar, del mismo modelo y con instrucciones en japonés. Tomar en cuenta y, no tocar los controles del lado izquierdo y utilizar  el sistema conocido.

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