Estoy en la estación Bilbao, esperando a un amigo, son las 9 de la noche, el cielo diáfano transmite tranquilidad en este verano renqueante, venido a menos por el hjpt virus.
A escasos 10 mts, veo a una chica de cara fina, nada manida, figura estilizada, melena rubia y lacia,
piernas de diosa griega; manos de pianista como en las películas a blanco y negro y atuendo a la usanza.
Me asaltan al instante tres interrogantes. Mientras, sigo escaneando sus encantos naturales y artificios.
¿A quién espera?
¿Qué lee?
¿Qué tipo de música escucha?
¡Me acerco y le pregunto! No es conveniente-
Esta chica seguramente se llama María o Gabriela, siempre se llaman así, y usa Chanel N5.
Así lo creo.
De repente una ráfaga de viento húmedo me estremece y me saca del sueño.
Llega mi amigo
Ella sigue allí hierática... quién sabe por cuánto tiempo.

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