miércoles, 25 de enero de 2012

Vainas

Muchos diseñadores de moda quieren vestir a Diosa Canales, ¡que es eso! Que la dejen desnuda. De verdad que a esa mujer hay que meterle el pecho, ¡Que vistan a la Tigresa del Oriente!

No sé por qué las tortugas siempre andan con un apuro para llegar al agua.

En este país los motorizados (con sus pocas excepciones) se atraviesan, hacen maniobras arriesgadas, se llevan por delante los retrovisores, manejan en contraflujo, también en las aceras y los muy hijos de p…, se arrechan y  te manotéan cuando le reclamas algo. Y, hasta las consabidas amenazan... Las leyes y multas se aplican sólo a los automovilistas, claro si no hay para los llamados frescos.

Estuve viendo a la Duquesa de Alba, la que se casó recientemente con un “pavito” en España, pensándolo bien, debe haber bastante platica de por medio. La tipa es escabrosa. Con relación a Liz, la cantante de acá, me parece algo similar, aunque su caso es inversamente proporcional al producto de sus masas o su cuerpo.

En Venezuela cuando estás manejando y colocas las luces de cruces, para ir al canal de al lado. Algo tan banal en cualquier otro país del mundo. Aquí el efecto es contrario, al que se supone, es el deber ser. El resultado es que el chofer  del carro que está en el otro canal, al notar que estás cumpliendo con tu deber de avisarle que vas a cruzar. Nada, el tipo acelera lo más rápido posible para no cederte el paso. Es una vaina automàtica. Es por eso que en Venezuela, las luces de los carros son simples adornos, son más útiles las de navidad, en estos casos es preferible no avisar, y meterse en cuanto el otro chofer se descuide o hay espacio para ello. A veces hago así.

A veces estoy  triste y desolado. Ando como vacío, abatido. Pero, no del alma. Sino, del hambre que a veces tengo. Porque no me da tiempo de comer.

Vengo de un hogar acomodado, no porque  gozáramos de  abundancia y éramos boyante desde el punto de vista económico, todo lo contrario, lo que sobraba era carencias. Me refiero porque siempre estaba todo acomodado y  arregladito, porque mi papá era  muy maniático con la limpieza en la casa y hasta en el patio.

Mucho de los niños de ahora aprenden primero a colocar las direcciones de los cantantes de reggeatón y otros géneros musicales en el portal de You Tube, para ver los videos, y luego le preguntas cómo se escribe su nombre y la mayoría no saben o dudan. Así las cosas.

Es común ver a alguien manejando con la música a todo dar y se percibe a simple vista que ha hecho una buena inversión en sonido y toda aquella parafernalia, me parece bien. La escuchan para ellos y sus acompañantes.
Hay otros en la misma condición, pero sin nadie en el auto y escuchan las canciones a todo volumen, pero no para él, sino para todo el circundante, es decir: bajan hasta la ventanilla del copiloto para que te enteres que tiene buen sonido en el carro y se calen lo que él escucha. Que no quiere decir que sea buena música.

Siempre me ha parecido algo tan irritable y hasta urticaria provoca a mi vista, cuando estoy manejando y veo a alguien en su carro que va delante de mí, y lo hace con el brazo extendido o colgando de la ventanilla, como si nada, algo así como si está conduciendo en Austria o Luxemburgo (por la inseguridad digo), además, me parece hasta peligroso, no vaya a venir alguien que se crea "Más Rápido y Furioso 6", que en Venezuela sobran y le cercene el brazo. Solo digo.

A propósito de naufragio del crucero Costa Concordia en las costas italiana, de verdad que me parece algo tan absurdo, como ocurrió ese desastre. Estuve indagando un poco más allá de los simples hechos, y hay toda una controversia por el comportamiento del capitán Francesco Schettino, este señor está detenido y acusado de homicidio culposo y abandono de pasajeros. Schettino, según se sabe por una conversación telefónica que mantuvo con la Capitanía del Puerto, huyó del barco accidentado, mintió al decir que todavía se encontraba a bordo y, tras recibir la orden de regresar para coordinar el rescate, se montó en un taxi y fue a esconderse en un hotel cercano.
Me imagino que ese señor cuando fue a graduarse no asistió al acto y no prestó aquel juramento, que dice que el capitán es el último que abandona el barco y que las mujeres y niños primeros.
En este naufragio los músicos no fueron tan pendejos como sus colegas del Titanic, inmediatamente dejaron de tocar, tomaron sus salvavidas y a nadar…





martes, 24 de enero de 2012

Galácticos

Decidí cruzar el Atlántico, a visitar a mí hermano Eduin, que se había  marchado del país hace casi dos lustro. Y también para aprovechar de hacer algunas compras con lo poco que llevaba de dólares. En la madre patria no se hablaba otra cosa. Sino, de la contratación del futbolista inglés David Bechkam, proveniente del Manchester United y el despido del entrenador Vicente del Bosque, por parte del patrón: Florentino Pérez.
 Siempre he sido un fanático del fútbol como el que más, sin embargo, no reparaba y menos aún pensé que mi viaje iba a estar tan relacionado con el balompié.
 Apenas dejé las maletas, fuimos a visitar un mercado popular, estilo las pulgas, en busca de gangas de objetos curiosos y valiosos. Dejé a mi hermano en el restaurant donde trabajaba y me enfilé a un café muy cerca de allí, lo que más me llamó la atención  era la gran cantidad de monitores que atiborraban el local. Conté más de 30 de esos aparatos. Casi parecían el tapizado de las paredes.
Me senté en la barra y todos los monitores estaban sintonizando el mismo canal: El juego del Real Madrid. Aquello parecía una cadena.
Florentino Pérez, él polémico presidente de los merengues consiguió contratar a jugadores de la talla de: Figo, Ronaldo, Zidane, Roberto Carlos, esa oncena contaba además con Makelele, Casillas y con  Raúl, la estrella española que brillaba con luz propia. Y, ahora David Beckham, en ese entonces y no lo digo yo, era el fichaje “más glamouroso del mundo por parte del club con más glamour”.
Sigo disfrutando del juego y el ambiente que allí se respiraba, y ya en las postrimerías del encuentro el francés, Zinedine Zidane con una gambeta que sólo los dioses lo saben hacer, se quita a dos rivales de encima y le entrega la esférica a Raúl, que sólo la empuja al fondo de la red, el local parecía un maremagno, todos saltan de emoción, no reparo en paroxismo y desafortunádamente mi cerveza va a parar de lleno en la camiseta de un tipo de origen austríaco que estaba sentado a mi lado.
A pesar de mi escaso inglés y él, con su precario español, rápidamente ya parecíamos amigos de toda la vida. El tema principal de conversación durante y después del cotejo fue 300% de fútbol, nos despedimos no sin antes intercambiar correos, que nunca conservaremos, ni utilizaremos. 
Eduin, como buen hermano y guía quería mostrarme la ciudad y sus principales museos, el Prado, entre otros sitios de interés. Le sugerí que lo dejáramos para otra ocasión, ya que conocía varios de esos lugares y le comenté que visitáramos el Santiago Bernabeu.
Lo tomó con resignación y poco interés, logré convencerlo y en pocos minutos ya estábamos  en el Paseo de la Castellana, en la llamada Casa Blanca de los merengues.
Caminando para ver  como entrábamos o hacíamos el tour en el stadium. Vimos los carteles indicando que no era día de tour.
Un poco cabizbajo volteé mi mirada y escuché lo que unos tipos comentaban.
“La cola para las entradas se abre en 30 minutos”. “que bueno”  respondió su compañero.
“Esta vez si le ganaremos a esos cabrones franceses” ripostó  otro.
Tomaron hacia los costados de stadium y le dije a mi hermano Eduin ponte pila, vamos a seguirlos, para ver a dónde se dirigen.
De repente estábamos detrás de ellos en la cola, por cierto larga.
Cuando por fin llegamos a la taquilla pensé que era para comprar las entradas para conocer la imponente sede de los madrileños.
 La chica muy amable me pregunta que cuántos ticket quiero y le respondo que dos, luego me señala en qué ubicación quiero los asientos y no le entiendo.
 Las entradas que estaba vendiendo no eran para conocer las instalaciones del Santiago Bernabeu. Sino, para el encuentro que dos días después disputarían  el Real Madrid y el Olimpique de Lyon. Por los octavos de final de la Champion League.
 Inmediatamente asentí con sorpresa y alegría, y escogí los asientos que quería y adquirí las dos entradas, le respondí rápido, como que si eran los últimos tickets por vender. Para mi hermano era la primera vez que asistía a un juego de fútbol.
Nos fuimos y le comenté para bajarnos antes de llegar a la Gran Vía, muy cerca de su casa, para comprar algo de un encargo. De esos fastidiosos que nunca faltan.
Caminando poco a poco y disfrutando el entorno, repentinamente nos topamos con una aglomeración con ribetes de tumultos, como pude  me acerqué y logré colocarme en ringside, o como decimos en criollo pate e mingo.
Pregunto que qué pasaba allí, y alguien vociferó sin seguridad alguna, “un actor famoso de Hollywood”, otro “la hija del Rey” y una chica casi sin aliento, delirando y a punto de desplomarse afirma “David Beckham y su familia están dentro de la tienda”. Por su actitud y expresión de su rostro, le creí de inmediato.
No supe más de mi hermano por unos minutos, sin embargo, me coloco del lado del copiloto de un AUDI, negro y lujoso aparcado en la entrada, y como expulsada de una discoteca en las Mercedes al amanecer, sale una chica delgada, pequeña; para mis gustos esperpenta, vestida de negro con lentes grandes y oscuros, se dirige a la puerta del auto que yo involuntariamente obstruía.
 Estaba con mi cámara a tiro para tomar la instantánea del supuesto famoso del ámbito que sea y que allí, se encontraba, la chica en cuestión me pide permiso y a priori no le hago caso, para no perder mi posición privilegiada que había ganado a punta de empellones, para no decir coñazos y empujones, me repite con una voz muy suave y dulce en inglés “excuse me” y por fin caigo en cuenta y le doy un pequeño espacio.  Admito que lo hice con desdén.
Era nada más y nada menos que Victoria Beckham, la famosa cantante, modelo y diseñadora de todo tipo de cosas, ex integrante del famoso grupo inglés las Spice Girls. Y, rápidamente entra al auto y sin proponermelo le ayudé a cerrar la puerta del copiloto.
Ella  salió de la tienda con más pena que gloria, la aglomeración y todo el despelote que se había producido era esperando la salida de la contratación estrella del Real Madrid. David Beckham: Su esposo.
Salió con un gorro gris, y sus dos hijos, unos de los cuales lo llevaba en los brazos, se trataba de Brooklyn, el menor de la prole.
Tomé como pude dos o tres fotografías y el caos se apoderó de aquello, para mi sorpresa Beckham tomó el volante del auto y los empleados de la tienda Adidas, salían en bolandas a colocar las bolsas de lo adquirido. Sin embargo, el apuro del afamado jugador inglés por evitar el asedio pudo más y dejó parte de sus pertenencias atrás, a los pocos metros tuvo que frenar  bruscamente para que colocaran las bolsas en la maleta.
Dos días  después y con casi 5 horas de antelación al encuentro, ya estaba en el Santiago Bernabeu, como Al Pacino, en El Padrino, pendiente de todo, no había detalle que no observara desde mi butaca, esperando ver y disfrutar de aquella pléyade de estrellas, que los medios y los hinchas bautizaron como los galácticos.
En realidad los resultados de los galácticos no siempre fueron los que hubieran deseado, pero la satisfacción de ver jugar a los grandes, y no sólo por los salarios que devengaban. Sino, por la calidad demostrada por  esa generación de futbolistas, para mí es una alegría inmensa que guardaré el resto de mis días.
Nadie  me quitará lo bailáo.





domingo, 22 de enero de 2012

Choroní

Omar siempre con su ladilla de su fumadera, compró de una sola pasada tres cajetillas de cigarrillos Belmont, en ese apartado no tenía ninguna oportunidad de salir con el brazo en alto, ya que René y Shoulín también parecían putas recluidas, y sólo la tragedia de Chernoby, superaba las emisiones de humo de éste trío en acción. Encendían un cigarrillo y cuando ya casi se quemaban los dedos, aparecía el otro de manera instantánea.
Jonathan había dejado el vicio años atrás, por una supuesta sinusitis o algo parecido con su sistema respiratorio. En cambio, yo nunca probé un cigarrillo y siempre fui, o soy un fumador pasivo, me he rodeado de fumadores toda mi vida. Gracias a una ley, ahora estamos casi “100% libre de humo”.

Viernes: 7:10pm. Nos citamos como de costumbre en casa de Shoulín, que era nuestra sede, en el edificio Caroata de Parque Central, ícono de la Caracas moderna y de nuestras andanzas, siendo un poco eufemístico para no decir nuestro prostíbulo de dos niveles. Repentinamente y ya en el fragor de las birras haciendo su trabajo, propusimos partir rumbo a Choroní, al unísono ganó la respuesta afirmativa.

Viernes: 9:30pm. Primera parada técnica: licorería en planta baja de Parque Central, a pesar de lo pela bola que éramos, René, Jonathan y yo, nos las arreglábamos como podíamos y siempre tuvimos nuestros catanares. Omar hacía las veces de Chispita el de Meteoro, proveer cigarro, caña y alertar ante alguna eventualidad en la vía y por sobre todas las cosas mantener despierto al conductor, sea quien fuere en esa oportunidad.

Viernes: 10:05pm. Por supuesto que íbamos forrados, hasta las medias de caña y cigarros, y la cava que utilizábamos estaba maltratada, pero guerrera y resistente. De las viejas de la época, no teníamos Coleman, y tampoco era de rueditas, en fin eso no importaba. 
Estábamos los cinco más contentos que balsero cuando pisa tierra en Miami. 
El vehículo escogido de esa ocasión: el Jeep blanco de lona de Shoulín, de reciente adquisición, incluso yo mismo le acompañé a buscarlo cuando el vendedor se lo entregó, era o es, una especie en extinción, cauchos gigantes, los asientos traseros eran de metal e incómodos, era más probable conseguir un cachorro de oso frontino dentro del rustico, que una llave de cruz, o cables auxiliares. 
El ruido que producía el motor era ensordecedor, siempre nos comunicábamos gritando; los limpia parabrisas casi no recuerdo, haberlos visto funcionar. Y, el tablero era una entelequia, nada marcaba nada, ni la gasolina. Pero no sentíamos agrandados con el todoterreno.

Viernes: 11 pm. Ya en la Autopista Regional del Centro, escuchando y cantando a todo gañote canciones de Soda, Paralamas, Fito y hasta baladas de Miguel Bosé y Franco De Vita se colaban por allí, en nuestro planeta musical de los “Guas”, todavía no habíamos sido invadidos y menos aún, conquistados por algo que bautizaron por ese entonces como reggaetón...

Viernes: 11:30pm. Nuestros GPS, entraban en acción ya que la curda a excepción del piloto que lo controlábamos, estaba haciendo efecto y ante cualquier valla informativa estábamos pendiente para no seguir de largo, falta poco para llegar a Maracay, decía Jonathan, falsa alarma respondía Omar. Otras veces aparecía René, luego yo. Así  hasta que por fin llegábamos a la llamada ciudad jardín.

Viernes: 11.50pm. Siempre que íbamos para Choroní, nos pasaba lo mismo, que sí por la vía del Limón, que si por la de Ocumare y así hasta que por fin llegábamos a una redoma. 
Allí cruzábamos a la izquierda, luego nuevamente preguntábamos a los paisanos y nos enfilábamos hacia el Parque Henry Pitier, no sin antes hacer una parada técnica para equiparnos de caña, gasolina y más cigarros y la respectiva "miáda"

Sábado: 12:45am. Ya en plena cúspide del Parque Henry Pitier, y sonando de fondo en el 4B, de Soda Stereo, nos detuvimos por un instante para orinar, volver a recargar caña y darle un poco de descanso al chofer en los pit, viendo las estrellas, imaginándonos el mundo a nuestra manera. 
En fin, algo de relajación, porque se venía el descenso y esa carretera no es nada fácil de recorrer. Menos aún en la oscuridad.

Sábado: 1:52am.Ya pisando la entrada del pueblo, y con el ánimo encendido y tarareando a Rubén Blades, con su “chica plástica de esas que anda por allí” y pensando precisamente en cuántas chicas plásticas, nos levantaríamos en ese viaje, y quién de nosotros iba a echar un polvaso en ésta, y muy común aventura. Por fin en Puerto Colombia, buscamos por antonomasia la posada más económica. Ahora sí, más prendío que tabaco e bruja en plena sesión espiritista, y a terminar de tomarnos hasta el agua de los floreros de la habitación. Hasta casi despuntar el alba.

Sábado: 9.05am. Por cosas de la vida que desconozco, o por alguna razón patológica o mejor dicho por marisconerías mías, (lo más seguro ésto último), me despierto muy temprano, y comienzo a hacer ruido a gran escala, a ¡levantarse! grito una y otra vez y a dar almohadazo. Poco a poco, surte efecto y mis panas se levantan uno detrás del otro… el que más se arrecha es Omar, ni bola que le paro.

Sábado: 10:20am. La hambruna que teníamos era una mezcla de un niño de Somalia y otro de Sudán, es decir bestial: Desayuno criollo con todo, para todos y jugo bien pero bien frío, quedamos no henchidos de felicidad, sino hinchados de lo bueno y la hartada de aquel maná.

Sábado: 10:50am. Ya equipados en la licorería y haciendo tiempo para bucearnos a las promotoras que mostraban más sus atributos físicos, que los licores. Eran casi inexistentes los silicones en aquel tiempo. Nuestro referente eran los de Afrodita, la chica de Mazinger Z. Caminamos como soldados después del desembarco a Normandía, paso lento y sostenido y la cava allí, impoluta. Como aquél viejo slogan sobre Venezuela, “El secreto mejor guardado del Caribe” así era la cava para nosotros.

Sábado: 11:15am. Ya en plena Playa Grande, con su arena blanca y sus palmeras como las  medias que colocan los gringos de adornos en navidad, es decir  colgando, Y nosotros buscando un sitio estratégico, además, con  sombra para protegernos un poco del astro rey. Arreglando las sillas, cava y los bolsos o mejor dicho los koalas, que bastante que usábamos.

Sábado: 2:45pm. Conozco muy bien a mis amigos y viceversa, nuestra cultura etílica playera siempre va in crescendo, nuestros radares para capturar y ver cuánto espécimen o cardume femenino pasara cerca o estuviere en nuestro radio de acción, eran inmediatamente escaneadas sin contemplación alguna, entretanto cuentos van y vienen;  anécdotas, chistes buenos y malos, historias aunque la mayoría eran remake, pero igual no las vacilábamos. Éramos felices y no lo sabíamos.

Sábado: 5:15pm. Ya de retirada hacía la posada, otra vez derruidos y destruidos, un pequeño descanso y relax, Omar se encargaba de la música, Gilberto Santa Rosa y Arjona, eran  los preferidos en esas instancias, luego un baño para recobrar fuerzas para la reyerta nocturna.

Sábado: 7:50pm. Otra vez a la calle, esta vez al famoso malecón de Choroní, allí se congrega todo tipo de persona y de cultura, en ese lugar están los pescadores y los peñeros que hacen recorridos a Cepe y otras islas cercanas. Abunda la venta de comidas; pulseras, esclavas, zarcillos y todo tipo de artilugio. Y, si deseas un porro, los nativos te lo consiguen bien preparado o a la carta si es tu gusto.

Sábado: 9:30pm. El sabor y el guaguancó se inventó en este maravilloso pueblo y también las famosas guarapitas: Parchita, chocolate y muchos otros sabores. Quién vaya a Choroní y no pruebe esas bebidas, tiene que regresar, para que sepa lo que es una pea de guarapita a la orilla de la playa. Los calvos se creen Rapunzel, luego de  tomarse varias de éstos néctares.

Sábado: 10.35pm. Los tambores comienzan a retumbar y las caderas de esas mulatas y alguna que otra atrevida no cesan de moverse, “Hip Dont Lie” entra una chica al ruedo e inmediatamente es desplazada por otra. Entretanto nosotros tratamos de meternos en el asunto, pero eso es mucho camisón pa Petra. Continuamos con nuestro bucéo en la superficie del malecón, y tratando de meter arponazos, pero nada. La cacería es infructuosa. Pero ya la guarapita y las birras lograron su objetivo.

Domingo: 1.35am. Nos informan nuestras fuentes cercanas y no tanto, que los tambores se mudan para la playa, nos fuimos hasta la orilla, sin reparar mucho en el asunto y nos sentamos al margen de una palmera, una vez más a recordar, cantar; elucubrar y remontarnos a tiempos pasados. Sin duda éramos felices y no lo sabíamos.

Domingo: 1:55am. A lo lejos vemos cómo encienden las palmeras y las personas pasan y pasan a un lado de nosotros y comienzan los tambores. 
Decidimos acercarnos y la rumba estaba prendida en ambos sentidos, lo digo por el fuego de las palmeras  para la fogata y el ambiente de desnalgue que había, en ese instante nada era normal en la playa. 
Unos bailaban, otros lo intentaban, muchos cantaban y varias turistas europeas tratando de imitar a las mulatas y nativas, otros tantos tomando guarapita y ron y los más osados tirando a un lado de nosotros sin desparpajo alguno.

Domingo: 2:30am. Ya no sé casi nada de mis amigos, todos están entremezclados, la caña nos explotó en la cabeza y hasta en los pies, casi no puedo mantenerme de manera vertical, las fogatas comienzan a extinguirse, y la oscuridad gana terreno, por casualidad consigo a Jonathan y le pregunto por el resto de los muchachos, y está en la misma situación que yo, pero sus cables están menos cruzados que los míos.

Domingo: 3:05am. Gritamos llamando a Omar, René, Shoulin y nada, buscamos como podíamos y de repente Jonathan pisa a alguien que está tirado e inerte en la arena cuál cetáceo, y en efecto él, era harto predecible en esas circunstancias: René, que no aguanta una calentada de oreja para dormir en cualquier lugar. Jonathan se asusta y ve que René no reacciona. Sin embargo, inmediatamente viene una ola y lo sumerge completamente, es allí cuando por fin se levanta o mejor dicho lo levantamos con su ropa totalmente empapada y llena de arena.

Domingo: 3:25am. Nos topamos con Omar de manera casual y sólo nos faltaba ubicar a Shoulín, la pea, el frío y con René que parecía pordiosero de la Plaza Miranda de la avenida Baralt, ergo decidimos no alejarnos mucho. 
Estábamos realmente preocupado, algo así como el trineo de San Nicolás, luminoso que colocaban todas las navidades en el CCCT, y era mayo y junio,  y todavía estaba allí encendido, ¡algo así nos pasaba! Pero éramos felices y no lo sabíamos.

Domingo: 3:45am. Como iluminado por un rayo veo que Shoulín, está en el agua y con pretensiones de bañarse con ropa (efectos de la guarapita de chocolate) se creía un tritón, pero no podía sostenerse, salí despavorido de la orilla y le avisé a los muchachos que había ubicado a Shoulín, lo fuimos a rescatar para sacarlo del agua, no vaya a ser que se ahogara el hijo e puta ese. (Luego quién iba a manejar ese Jeep tan pesado).

Domingo: 4:40am. Después de reírnos bastante y sentarnos en la arena para terminar lo poco que quedaba de la guarapita y algo de ron. Confieso que no sé cómo llegué a la posada, y varios de mis compañeros estaban en la misma posición, ¿quién llevó a quién?, era la pregunta de rigor y de guachafa, horas después.

Domingo: 9:15am. La misma situación del día anterior, me levanto y comienzo a hacer ruido pero de manera moderada, la cabeza me explotaba cual volcán en erupción y las ganas de vomitar estaba allí, latente. Mis panas ni hablar, sala de terapia intensiva parecía aquello. No insistí mucho por cuanto mis energías eran casi nulas, los dejé dormir un poco más.

Domingo: 10:35am.  El desayuno igual de exquisito y abundante que el precedente, casi ni hablábamos; nuestras voces eran de ultratumba, risas y más risas y la pregunta de rigor ¿quién llevó a quién? y quién fue el último en llegar, nos enteramos que ¡oh sorpresa! René fue el último y se encargó de guiar a Omar hasta la posada. Esa eran las versiones entre nosotros. 
Entretanto fui a un kiosco a comprar El Nacional, ya que me sentía acéfalo de noticias e información, soy así. No lo puedo evitar.

Domingo: 11:15am. Esa mañana nos equipamos con criterio de escases ya que era el día de retorno, pero no por la falta de ganas, sino porque nuestras fuerzas físicas estaban realmente disminuidas. 
Estuvimos un buen rato en la playa y de vez en cuando un chapuzón para refrescarnos. A la salida, nos comimos unos pescados fritos y la infaltable sopa para reponernos. Como siempre echando cuentos y los míos rayaban en lo malo. Pero, ¡Qué bien la pasábamos!

Domingo: 4:35pm. Siempre que regresábamos de Choroní y para hacer el retorno más sabroso y fresco, nos deteníamos a la orilla del rio que baja de la montaña y cruza todo el pueblo, nos bañábamos y hasta lavábamos los interiores, el agua bien, pero bien fría y cristalina, ese baño milagroso nos daba energía para regresar con ímpetu y con ganas de tomarnos unas cuantas chelitas de más por el camino.

Domingo: 5:40pm. De Música Ligera, como la canción, íbamos por la carretera, disfrutando del paisaje y las montañas tupidas de vegetación y la neblina que acechaba, de vez en cuando un autobús sonaba su corneta para avisar que venía en sentido contrario, eso es Choroni y su carretera, estrecha, sinuosa y peligrosa, pero sabrosa. Hasta un  verso me salió.

Domingo: 6:33pm. Llegando a Maracay y ya con la brújula mejor direccionada, y esto lo hicimos como un ritual y ya para tomar la autopista vía a Caracas con energía, nos deteníamos en una arepera, ¡pero qué buena era!, cada quién con sus gustos y hasta dos nos engullíamos. Que si de reina pepiada, peluda, y otras especies. El Omar y Jonathan, competían por quién la mezclaba mejor o peor, pero para dentro iba. Luego los respectivos cigarros y más cigarros, antes de partir y la joda de siempre. Así hasta llegar a Caracas bien  contentos y bronceados.

PD. Los amigos de siempre, los de la vida, los que compartimos muchas cosas buenas y malas. Aún lo seguimos haciendo, ya con menor frecuencia. 
Debido entre otras cosas, a que hemos crecido en cuanto a responsabilidades y ya se asoma las ganas de tener familia. 
Cada quién en su trinchera, buscando alcanzar sus objetivos...
Este viaje a Choroní fue uno de los que más he disfrutado en  mi vida, y vaya que hemos hechos unos cuántos viajes playeros y no playeros. Y hasta al exterior hemos llegado.
En otras palabras: Cuando éramos felices y no lo sabíamos. Ahora somos felices, y lo sabemos. 
Gregorio Barreto.







martes, 17 de enero de 2012

Cosas de la vida

Que vaina tan rara y a la vez tan común en Venezuela y en estos países tropicales, no así en los anglosajones. Me refiero cuando las parejas deciden separarse o divorciarse, no importa el motivo. Además, de todos los traumas, peleas de todo tipo, discusiones y berrinches en privado y público. Y, lo más importante y delicado de este asunto es ¡cuando hay hijos de por medio!
Esta es otra tesis a discutir, y peor cuando se tiene que recurrir a instancias legales para dirimir esos conflictos bélicos con cohetes de largo alcance provistos de carga nuclear.
 Esos son los rollos que hay que evitar sobre todo por el bien de los pequeños y la paz común, y a veces hasta el bolsillo de ambos se ven afectados de manera sustancial.
Cuando las parejas tienen mucho tiempo de convivencia, sobre todo antes de casarse o  de  vivir en concubinato, existen amigos en común de vieja data. Además de los nuevos que se han agregado en el camino, también están los amigos que tiene la mujer por su lado, y de igual manera el hombre, y que  por diversas razones se han mezclado o montado, al que yo llamo el tren del encanto.
 Con relación a este apartado de los amigos, aquí muchas veces también ocurren rupturas no tan traumáticas como los protagonistas del sarao, sin embargo, sucede que también los amigos (los reales), entran en la contienda a dirimir, muchas veces tratando de enderezar y colaborar a que el asunto en cuestión se pueda solucionar, y en caso contrario que no terminen de la peor manera.
 En fin ellos actúan de manera sincera y solidaria. Estos amigos son pocos y lo lamentable del asunto es que estos panas en su gran mayoría no triunfan, y si lo hacen es por poco tiempo. Es decir el average de ellos está por debajo de la media.
También existen los nunca y bien ponderados “amigos” a los que denomino chismosos profesionales y funcionales, hipócritas. Al que le gusta hacer daño si proponérselo a rajatabla, pero ¡cómo perjudican...!
Esta especie actúa de manera sigilosa y con ánimo de ayudar y frecuentemente aprovechándose de la confianza te hacen preguntas y comienzan a indagar, para sacarte información valiosa y no tanto, y a su vez cuando la divulgan le agregan un componente malicioso, con pimienta y mala sazón, hasta convertirla en una inmensa bola de nieve sumamente peligrosa con ribetes de abarcar otros escenarios. Este supuesto amigo o amiga no quiere y mucho menos le importa que esta pareja se reconcilie. Ellos casi siempre salen airosos en sus intenciones.
Por lo general cada bando de amigo se alía con su afectado o más conocido, bien sea por el tiempo de amistad, el feeling y otros aspectos. Aunque, también existen los que actúan de manera neutral y conservan la amistad de ambas partes, incluso continúan compartiendo, saliendo y formando parte de su grupo de amistades de manera separada.
En este apartado de problemas de parejas existe una gran diferencia entre las amistades de los hombres con relación al de las mujeres, por su naturaleza las amigas de la  afectada y sin ánimo de ser exagerado y menos aún misógino, se meten de frente y comienzan a opinar más de manera visceral que racional, y en algunos casos empeoran la relación. Y, sí había algún atisbo de solución, éstas terminan de dar al traste con lo poco que queda en pie.
 En cambio los hombres son más pragmáticos en estos menesteres y no con esto quiero decir que no sufren y sienten. Sin embargo, en muchos casos los amigos se mantienen neutrales, o los consejos tienen una carga más liviana, otros de conciliación. No hirientes o llenos de venganza y retaliación. Sencillamente lo toman a la ligera y hasta invitan al pana a un juego de pelota, unas birras bien frías y por allí se va la conversa hasta dejar el problema momentáneamente a un costado, se sigue sufriendo. Pero de  manera distinta o más llevadera.
Lo importante y necesario de todo esto es tomar lo mejor de ambos bandos de amigos y sacarle provecho a los consejos sinceros, lo recomendable, aunque, no es tan fácil. Es conservar a todos los amigos que se pueda. Es decir, actuar lo más parecido a las parejas o disparejas de Hollywood.

viernes, 13 de enero de 2012

Promesas y no tanto

No sé porqué razón anteriormente todos los años, o mejor dicho al final de cada año, y hablo en primera personal del singular. Realizaba  una serie de resumen de comportamiento interno en esos resquicios del tiempo que a veces te permiten las conversas, tragos y los chistes entre amigos y familiares. Y, esa balanza imaginaria siempre se inclinaba del lado negativo, no porque no hubiese hecho meritos para al menos salir airoso o exculpado de ciertos eventos no vinculantes directamente a mí. Pero lo cierto era que no pasaba el listón establecido por mi sociedad imaginaria, o lo que  consideraba o creía que era medianamente aceptable.
 Entonces comenzaban  las típicas y no muy creíbles promesas de esas que abundan como la arena en el desierto, claro no estaba muy satisfecho con lo logrado en el precedente cercano y la  enjundia hacía mella en mí.
En esos momentos cuando se derrocha optimismo y amabilidad como el que más, debe ser por las fechas y otros factores  nostálgicos en su gran mayoría, no escatimamos en prometer y prometer, nos redimimos y dale, que no hay problemas de colisión, porque vamos en la misma dirección y cada quien, al menos allí. Se respeta el canal contiguo.
Eso lo dejé en el pasado, ya bastante pasado, por cierto. De modo, que tal cual ha sido, y nunca lo admití. El pragmatismo es la bandera que siempre enarbolé y reconozco que con mucho viento en contra. Claro está en algunos momentos no ha sido recibido con beneplácito, por mi entorno y un poco más allá.
 De modo que cada vez que escucho  promesas de fin o principio de año, muchas de ellas sin fundamento o más ambiciosas que poseer un esturión en primavera, no me queda más que desear, que no se queden como muchas de las mías que  parecían estrellas fugaces sin rumbo ni norte definido.
La eficacia admite errores, graves incluso. Y además la sinceridad muchas veces magnifica esos errores, y de verdad y sin ánimo de colocarme en el lado de los buenos, he cometido  reiteradamente esas faltas inconcientemente o como decimos coloquialmente, “sin querer queriendo”. De manera que espero asertivamente corregirla en lo posible con mi pragmatismo elocuente y a veces desbocado.