Omar siempre con su ladilla de su fumadera, compró de una sola pasada tres cajetillas de cigarrillos Belmont, en ese apartado no tenía ninguna oportunidad de salir con el brazo en alto, ya que René y Shoulín también parecían putas recluidas, y sólo la tragedia de Chernoby, superaba las emisiones de humo de éste trío en acción. Encendían un cigarrillo y cuando ya casi se quemaban los dedos, aparecía el otro de manera instantánea.
Jonathan había dejado el vicio años atrás, por una supuesta sinusitis o algo parecido con su sistema respiratorio. En cambio, yo nunca probé un cigarrillo y siempre fui, o soy un fumador pasivo, me he rodeado de fumadores toda mi vida. Gracias a una ley, ahora estamos casi “100% libre de humo”.
Jonathan había dejado el vicio años atrás, por una supuesta sinusitis o algo parecido con su sistema respiratorio. En cambio, yo nunca probé un cigarrillo y siempre fui, o soy un fumador pasivo, me he rodeado de fumadores toda mi vida. Gracias a una ley, ahora estamos casi “100% libre de humo”.
Viernes: 7:10pm. Nos citamos como de costumbre en casa de Shoulín, que era nuestra sede, en el edificio Caroata de Parque Central, ícono de la Caracas moderna y de nuestras andanzas, siendo un poco eufemístico para no decir nuestro prostíbulo de dos niveles. Repentinamente y ya en el fragor de las birras haciendo su trabajo, propusimos partir rumbo a Choroní, al unísono ganó la respuesta afirmativa.
Viernes: 9:30pm. Primera parada técnica: licorería en planta baja de Parque Central, a pesar de lo pela bola que éramos, René, Jonathan y yo, nos las arreglábamos como podíamos y siempre tuvimos nuestros catanares. Omar hacía las veces de Chispita el de Meteoro, proveer cigarro, caña y alertar ante alguna eventualidad en la vía y por sobre todas las cosas mantener despierto al conductor, sea quien fuere en esa oportunidad.
Viernes: 10:05pm. Por supuesto que íbamos forrados, hasta las medias de caña y cigarros, y la cava que utilizábamos estaba maltratada, pero guerrera y resistente. De las viejas de la época, no teníamos Coleman, y tampoco era de rueditas, en fin eso no importaba.
Estábamos los cinco más contentos que balsero cuando pisa tierra en Miami.
El vehículo escogido de esa ocasión: el Jeep blanco de lona de Shoulín, de reciente adquisición, incluso yo mismo le acompañé a buscarlo cuando el vendedor se lo entregó, era o es, una especie en extinción, cauchos gigantes, los asientos traseros eran de metal e incómodos, era más probable conseguir un cachorro de oso frontino dentro del rustico, que una llave de cruz, o cables auxiliares.
El ruido que producía el motor era ensordecedor, siempre nos comunicábamos gritando; los limpia parabrisas casi no recuerdo, haberlos visto funcionar. Y, el tablero era una entelequia, nada marcaba nada, ni la gasolina. Pero no sentíamos agrandados con el todoterreno.
Estábamos los cinco más contentos que balsero cuando pisa tierra en Miami.
El vehículo escogido de esa ocasión: el Jeep blanco de lona de Shoulín, de reciente adquisición, incluso yo mismo le acompañé a buscarlo cuando el vendedor se lo entregó, era o es, una especie en extinción, cauchos gigantes, los asientos traseros eran de metal e incómodos, era más probable conseguir un cachorro de oso frontino dentro del rustico, que una llave de cruz, o cables auxiliares.
El ruido que producía el motor era ensordecedor, siempre nos comunicábamos gritando; los limpia parabrisas casi no recuerdo, haberlos visto funcionar. Y, el tablero era una entelequia, nada marcaba nada, ni la gasolina. Pero no sentíamos agrandados con el todoterreno.
Viernes: 11 pm. Ya en la Autopista Regional del Centro, escuchando y cantando a todo gañote canciones de Soda, Paralamas, Fito y hasta baladas de Miguel Bosé y Franco De Vita se colaban por allí, en nuestro planeta musical de los “Guas”, todavía no habíamos sido invadidos y menos aún, conquistados por algo que bautizaron por ese entonces como reggaetón...
Viernes: 11:30pm. Nuestros GPS, entraban en acción ya que la curda a excepción del piloto que lo controlábamos, estaba haciendo efecto y ante cualquier valla informativa estábamos pendiente para no seguir de largo, falta poco para llegar a Maracay, decía Jonathan, falsa alarma respondía Omar. Otras veces aparecía René, luego yo. Así hasta que por fin llegábamos a la llamada ciudad jardín.
Viernes: 11.50pm. Siempre que íbamos para Choroní, nos pasaba lo mismo, que sí por la vía del Limón, que si por la de Ocumare y así hasta que por fin llegábamos a una redoma.
Allí cruzábamos a la izquierda, luego nuevamente preguntábamos a los paisanos y nos enfilábamos hacia el Parque Henry Pitier, no sin antes hacer una parada técnica para equiparnos de caña, gasolina y más cigarros y la respectiva "miáda"
Allí cruzábamos a la izquierda, luego nuevamente preguntábamos a los paisanos y nos enfilábamos hacia el Parque Henry Pitier, no sin antes hacer una parada técnica para equiparnos de caña, gasolina y más cigarros y la respectiva "miáda"
Sábado: 12:45am. Ya en plena cúspide del Parque Henry Pitier, y sonando de fondo en el 4B, de Soda Stereo, nos detuvimos por un instante para orinar, volver a recargar caña y darle un poco de descanso al chofer en los pit, viendo las estrellas, imaginándonos el mundo a nuestra manera.
En fin, algo de relajación, porque se venía el descenso y esa carretera no es nada fácil de recorrer. Menos aún en la oscuridad.
En fin, algo de relajación, porque se venía el descenso y esa carretera no es nada fácil de recorrer. Menos aún en la oscuridad.
Sábado: 1:52am.Ya pisando la entrada del pueblo, y con el ánimo encendido y tarareando a Rubén Blades, con su “chica plástica de esas que anda por allí” y pensando precisamente en cuántas chicas plásticas, nos levantaríamos en ese viaje, y quién de nosotros iba a echar un polvaso en ésta, y muy común aventura. Por fin en Puerto Colombia, buscamos por antonomasia la posada más económica. Ahora sí, más prendío que tabaco e bruja en plena sesión espiritista, y a terminar de tomarnos hasta el agua de los floreros de la habitación. Hasta casi despuntar el alba.
Sábado: 9.05am. Por cosas de la vida que desconozco, o por alguna razón patológica o mejor dicho por marisconerías mías, (lo más seguro ésto último), me despierto muy temprano, y comienzo a hacer ruido a gran escala, a ¡levantarse! grito una y otra vez y a dar almohadazo. Poco a poco, surte efecto y mis panas se levantan uno detrás del otro… el que más se arrecha es Omar, ni bola que le paro.
Sábado: 10:20am. La hambruna que teníamos era una mezcla de un niño de Somalia y otro de Sudán, es decir bestial: Desayuno criollo con todo, para todos y jugo bien pero bien frío, quedamos no henchidos de felicidad, sino hinchados de lo bueno y la hartada de aquel maná.
Sábado: 10:50am. Ya equipados en la licorería y haciendo tiempo para bucearnos a las promotoras que mostraban más sus atributos físicos, que los licores. Eran casi inexistentes los silicones en aquel tiempo. Nuestro referente eran los de Afrodita, la chica de Mazinger Z. Caminamos como soldados después del desembarco a Normandía, paso lento y sostenido y la cava allí, impoluta. Como aquél viejo slogan sobre Venezuela, “El secreto mejor guardado del Caribe” así era la cava para nosotros.
Sábado: 11:15am. Ya en plena Playa Grande, con su arena blanca y sus palmeras como las medias que colocan los gringos de adornos en navidad, es decir colgando, Y nosotros buscando un sitio estratégico, además, con sombra para protegernos un poco del astro rey. Arreglando las sillas, cava y los bolsos o mejor dicho los koalas, que bastante que usábamos.
Sábado: 2:45pm. Conozco muy bien a mis amigos y viceversa, nuestra cultura etílica playera siempre va in crescendo, nuestros radares para capturar y ver cuánto espécimen o cardume femenino pasara cerca o estuviere en nuestro radio de acción, eran inmediatamente escaneadas sin contemplación alguna, entretanto cuentos van y vienen; anécdotas, chistes buenos y malos, historias aunque la mayoría eran remake, pero igual no las vacilábamos. Éramos felices y no lo sabíamos.
Sábado: 5:15pm. Ya de retirada hacía la posada, otra vez derruidos y destruidos, un pequeño descanso y relax, Omar se encargaba de la música, Gilberto Santa Rosa y Arjona, eran los preferidos en esas instancias, luego un baño para recobrar fuerzas para la reyerta nocturna.
Sábado: 7:50pm. Otra vez a la calle, esta vez al famoso malecón de Choroní, allí se congrega todo tipo de persona y de cultura, en ese lugar están los pescadores y los peñeros que hacen recorridos a Cepe y otras islas cercanas. Abunda la venta de comidas; pulseras, esclavas, zarcillos y todo tipo de artilugio. Y, si deseas un porro, los nativos te lo consiguen bien preparado o a la carta si es tu gusto.
Sábado: 9:30pm. El sabor y el guaguancó se inventó en este maravilloso pueblo y también las famosas guarapitas: Parchita, chocolate y muchos otros sabores. Quién vaya a Choroní y no pruebe esas bebidas, tiene que regresar, para que sepa lo que es una pea de guarapita a la orilla de la playa. Los calvos se creen Rapunzel, luego de tomarse varias de éstos néctares.
Sábado: 10.35pm. Los tambores comienzan a retumbar y las caderas de esas mulatas y alguna que otra atrevida no cesan de moverse, “Hip Dont Lie” entra una chica al ruedo e inmediatamente es desplazada por otra. Entretanto nosotros tratamos de meternos en el asunto, pero eso es mucho camisón pa Petra. Continuamos con nuestro bucéo en la superficie del malecón, y tratando de meter arponazos, pero nada. La cacería es infructuosa. Pero ya la guarapita y las birras lograron su objetivo.
Domingo: 1.35am. Nos informan nuestras fuentes cercanas y no tanto, que los tambores se mudan para la playa, nos fuimos hasta la orilla, sin reparar mucho en el asunto y nos sentamos al margen de una palmera, una vez más a recordar, cantar; elucubrar y remontarnos a tiempos pasados. Sin duda éramos felices y no lo sabíamos.
Domingo: 1:55am. A lo lejos vemos cómo encienden las palmeras y las personas pasan y pasan a un lado de nosotros y comienzan los tambores.
Decidimos acercarnos y la rumba estaba prendida en ambos sentidos, lo digo por el fuego de las palmeras para la fogata y el ambiente de desnalgue que había, en ese instante nada era normal en la playa.
Unos bailaban, otros lo intentaban, muchos cantaban y varias turistas europeas tratando de imitar a las mulatas y nativas, otros tantos tomando guarapita y ron y los más osados tirando a un lado de nosotros sin desparpajo alguno.
Decidimos acercarnos y la rumba estaba prendida en ambos sentidos, lo digo por el fuego de las palmeras para la fogata y el ambiente de desnalgue que había, en ese instante nada era normal en la playa.
Unos bailaban, otros lo intentaban, muchos cantaban y varias turistas europeas tratando de imitar a las mulatas y nativas, otros tantos tomando guarapita y ron y los más osados tirando a un lado de nosotros sin desparpajo alguno.
Domingo: 2:30am. Ya no sé casi nada de mis amigos, todos están entremezclados, la caña nos explotó en la cabeza y hasta en los pies, casi no puedo mantenerme de manera vertical, las fogatas comienzan a extinguirse, y la oscuridad gana terreno, por casualidad consigo a Jonathan y le pregunto por el resto de los muchachos, y está en la misma situación que yo, pero sus cables están menos cruzados que los míos.
Domingo: 3:05am. Gritamos llamando a Omar, René, Shoulin y nada, buscamos como podíamos y de repente Jonathan pisa a alguien que está tirado e inerte en la arena cuál cetáceo, y en efecto él, era harto predecible en esas circunstancias: René, que no aguanta una calentada de oreja para dormir en cualquier lugar. Jonathan se asusta y ve que René no reacciona. Sin embargo, inmediatamente viene una ola y lo sumerge completamente, es allí cuando por fin se levanta o mejor dicho lo levantamos con su ropa totalmente empapada y llena de arena.
Domingo: 3:25am. Nos topamos con Omar de manera casual y sólo nos faltaba ubicar a Shoulín, la pea, el frío y con René que parecía pordiosero de la Plaza Miranda de la avenida Baralt, ergo decidimos no alejarnos mucho.
Estábamos realmente preocupado, algo así como el trineo de San Nicolás, luminoso que colocaban todas las navidades en el CCCT, y era mayo y junio, y todavía estaba allí encendido, ¡algo así nos pasaba! Pero éramos felices y no lo sabíamos.
Estábamos realmente preocupado, algo así como el trineo de San Nicolás, luminoso que colocaban todas las navidades en el CCCT, y era mayo y junio, y todavía estaba allí encendido, ¡algo así nos pasaba! Pero éramos felices y no lo sabíamos.
Domingo: 3:45am. Como iluminado por un rayo veo que Shoulín, está en el agua y con pretensiones de bañarse con ropa (efectos de la guarapita de chocolate) se creía un tritón, pero no podía sostenerse, salí despavorido de la orilla y le avisé a los muchachos que había ubicado a Shoulín, lo fuimos a rescatar para sacarlo del agua, no vaya a ser que se ahogara el hijo e puta ese. (Luego quién iba a manejar ese Jeep tan pesado).
Domingo: 4:40am. Después de reírnos bastante y sentarnos en la arena para terminar lo poco que quedaba de la guarapita y algo de ron. Confieso que no sé cómo llegué a la posada, y varios de mis compañeros estaban en la misma posición, ¿quién llevó a quién?, era la pregunta de rigor y de guachafa, horas después.
Domingo: 9:15am. La misma situación del día anterior, me levanto y comienzo a hacer ruido pero de manera moderada, la cabeza me explotaba cual volcán en erupción y las ganas de vomitar estaba allí, latente. Mis panas ni hablar, sala de terapia intensiva parecía aquello. No insistí mucho por cuanto mis energías eran casi nulas, los dejé dormir un poco más.
Domingo: 10:35am. El desayuno igual de exquisito y abundante que el precedente, casi ni hablábamos; nuestras voces eran de ultratumba, risas y más risas y la pregunta de rigor ¿quién llevó a quién? y quién fue el último en llegar, nos enteramos que ¡oh sorpresa! René fue el último y se encargó de guiar a Omar hasta la posada. Esa eran las versiones entre nosotros.
Entretanto fui a un kiosco a comprar El Nacional, ya que me sentía acéfalo de noticias e información, soy así. No lo puedo evitar.
Entretanto fui a un kiosco a comprar El Nacional, ya que me sentía acéfalo de noticias e información, soy así. No lo puedo evitar.
Domingo: 11:15am. Esa mañana nos equipamos con criterio de escases ya que era el día de retorno, pero no por la falta de ganas, sino porque nuestras fuerzas físicas estaban realmente disminuidas.
Estuvimos un buen rato en la playa y de vez en cuando un chapuzón para refrescarnos. A la salida, nos comimos unos pescados fritos y la infaltable sopa para reponernos. Como siempre echando cuentos y los míos rayaban en lo malo. Pero, ¡Qué bien la pasábamos!
Estuvimos un buen rato en la playa y de vez en cuando un chapuzón para refrescarnos. A la salida, nos comimos unos pescados fritos y la infaltable sopa para reponernos. Como siempre echando cuentos y los míos rayaban en lo malo. Pero, ¡Qué bien la pasábamos!
Domingo: 4:35pm. Siempre que regresábamos de Choroní y para hacer el retorno más sabroso y fresco, nos deteníamos a la orilla del rio que baja de la montaña y cruza todo el pueblo, nos bañábamos y hasta lavábamos los interiores, el agua bien, pero bien fría y cristalina, ese baño milagroso nos daba energía para regresar con ímpetu y con ganas de tomarnos unas cuantas chelitas de más por el camino.
Domingo: 5:40pm. De Música Ligera, como la canción, íbamos por la carretera, disfrutando del paisaje y las montañas tupidas de vegetación y la neblina que acechaba, de vez en cuando un autobús sonaba su corneta para avisar que venía en sentido contrario, eso es Choroni y su carretera, estrecha, sinuosa y peligrosa, pero sabrosa. Hasta un verso me salió.
Domingo: 6:33pm. Llegando a Maracay y ya con la brújula mejor direccionada, y esto lo hicimos como un ritual y ya para tomar la autopista vía a Caracas con energía, nos deteníamos en una arepera, ¡pero qué buena era!, cada quién con sus gustos y hasta dos nos engullíamos. Que si de reina pepiada, peluda, y otras especies. El Omar y Jonathan, competían por quién la mezclaba mejor o peor, pero para dentro iba. Luego los respectivos cigarros y más cigarros, antes de partir y la joda de siempre. Así hasta llegar a Caracas bien contentos y bronceados.
PD. Los amigos de siempre, los de la vida, los que compartimos muchas cosas buenas y malas. Aún lo seguimos haciendo, ya con menor frecuencia.
Debido entre otras cosas, a que hemos crecido en cuanto a responsabilidades y ya se asoma las ganas de tener familia.
Cada quién en su trinchera, buscando alcanzar sus objetivos...
Debido entre otras cosas, a que hemos crecido en cuanto a responsabilidades y ya se asoma las ganas de tener familia.
Cada quién en su trinchera, buscando alcanzar sus objetivos...
Este viaje a Choroní fue uno de los que más he disfrutado en mi vida, y vaya que hemos hechos unos cuántos viajes playeros y no playeros. Y hasta al exterior hemos llegado.
En otras palabras: Cuando éramos felices y no lo sabíamos. Ahora somos felices, y lo sabemos.
Gregorio Barreto.
Gregorio Barreto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario