domingo, 29 de abril de 2012

Encerrado en un Centro Comercial

He visto varias películas, donde la trama se desarrolla en una sóla locación, en un mismo ambiente y lo que es peor aún, todo gira un sobre un mismo tema. Recientemente vi los cortes de una de esas, y se trataba de una persona llamando de una caseta telefónica, muy comunes en otros países (aquí no), y un francotirador, desde un edificio cercano no lo dejaba  salir, y por allí se iba la historia…
No es nada fácil para un director, actores y el resto del equipo, rodar un film durante meses y la locación siempre es la misma… harto aburrido.
Algo parecido me pasó a mí. En un centro comercial, que paradójicamente es un sitio abierto, despejado y amplio. Y, aún así, me sentía atrapado o de alguna manera encerrado en un laberinto como el Minotauro de la mitología griega. Diseñado por el artesano Dédalo.
Caminaba de un lado a otro, recorrí todas las librerías y jugueterías que hay en el lugar, revisé cada tienda, pequeñas, grandes y medianas. Palmo a palmo, de diferentes ramos y colores.
Compré, como es costumbre el periódico, me leí hasta los obituarios, los analicé uno a uno, y cuál de aquellos infortunados, que no aparecían en las páginas sociales. Sino, en la que nadie quiere estar. Pero que algún día, sin estar en esas desdichadas páginas, el destino nos llevará inevitablemente, aún sin ser invitados.
Entre los fallecidos, buscaba quién era más conocido o se repetía; o el tamaño del aviso y la lista de quiénes lamentaban la pérdida y hasta los apellidos, si era de aquellos que llaman de alta alcurnia y los que no también, de aquellos seres que ya no están con nosotros.
En ese lapso de tiempo, conseguí dos personas conocidas de vieja data. Y, una de ella ni siquiera me acordaba de su nombre y menos aún su apellido y procedencia, en cambio me habló de muchas cosas en tiempo récord, y hasta de fotos mías. Que ha visto con detalles y que se han colado por la red en el chismoso Facebook, y de buenos momentos vividos.
Nunca supe quién era, hasta que viene lo inevitable. Ponernos al día y decidir intercambiar, no como antes solía ser, sólo el número telefónico y  luego con el tiempo se agregó. Dame tu correo.
Hoy día la tecnología, nos va empujando, o apretujándonos como en el Metro, sin darnos cuenta. Y, ahora pedimos el pin y hasta el twiter, así las cosas. Como dice alguien por allí, muy apreciado y reconocido.
Me las ingenié, para quedar bien intercambiando los datos y grabarlos en nuestros inseparables teléfonos.
Continuando con mi espera en el centro comercial, recorrí cada rincón y hasta pensé en mudarme y tener como vivienda principal uno de aquellos baños, tal como hizo Tom Hanks, en una de sus películas encerrado en un aeropuerto, durante varios meses.
Era el Centro Comercial Galerías Prados del Este, pequeño, tranquilo, alejado del mundanal ruido, no hay aquellas masas de visitantes. Buscando asirse de algo. No, no es de esos centros comerciales. Como dicen los hedonistas. Para ver y dejarse ver, ni tiendas de marcas reconocidas… mejor. Nada de eso. Es más, para el disfrute de los que por allí viven o para buscar algo específico.
Lo que faltaba era comprarme un podómetro (contador de pasos), vi transitar y transitar a los visitantes. Como aquellos soldados con sus ropas raídas y harapientos de la Segunda Guerra Mundial, cuando por fin terminó aquello, y caminaban y caminaban miles de kilómetros, y la gente los veía pasar saludándolos con sonrisas de tristeza confundida con la esperanza y la alegría, por aquellas ciudades devastadas.
Analizaba a todos con sus vestimentas, y a los padres con sus niños y todo el circundante. Hasta los vigilantes ya me saludaban con una sonrisa.
La espera se hizo eterna, y en los estertores de mi agonía, recibí un sinnúmero de llamadas, mensajes, cadenas de jaimito y chistes malos atribuidos a Alicia Machado… que nunca abrí. El tiempo lo hice más llevadero revisando y enviando twiter, y el que más se repetía era uno de Diosa Canales y Kelvin Escobar, en sus aventuras (nada relevante) y dando RT, a aquellos que consideraba de importancia.
Sin embargo, mí estadía de casi un día entero en ese lugar, lo hice por alguien especial, que bién lo merece. Y, además, por una causa justa y noble, que tiene que ver con aspectos de salud y estética. Y, si se da la oportunidad lo volvería a repetir. Sin dudar...
No sin antes, tomar previsiones al respecto. De modo de hacer la estadía de manera diferente.

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