El cielo estaba totalmente nublado amenazaba con llover torrencialmente. Eran aproximadamente las seis y media de la tarde del domingo, a esa hora son pocos los asistentes en el parque. Sólo alguna que otra pareja tratando de encontrar un lugar apropiado para descargar y dar rienda suelta a todo el amor furtivo que se profesan y, así evitar a los curiosos y porque no, ahorrarse un dinerito en hotel.
De repente se escucharon tres detonaciones en los alrededores del Parque Los Dorados, José un joven deportista de 20 años y estudiante universitario del Pedagógico de Caracas, frecuentemente realiza ejercicios en ese lugar ya entrada la tarde, todos los fines de semana. Sus compañeros de faena hacían escasamente media hora que se habían retirado del parque.
José estaba sentado a la orilla de un árbol frondoso y de los pocos que aún se mantienen con vitalidad en el lugar, relajado, estaba sacando de su morral una bebida enérgizante, para continuar con su rutina de barras y paralelas, se levantó súbitamente y atraído por el ruido de los disparos corrió desaforadamente, de repente se consigue el cuerpo inerte de una mujer de aproximadamente 25 años de edad, de piel blanca, cabello negro y muy largo, la vestimenta deportiva de la muchacha estaba teñida de rojo y ocupaba gran parte de su maltrecha humanidad, José desesperado, nervioso y cual Argos, el gigante griego de cien ojos, camina de un lado a otro sin saber qué hacer.
Piensa en irse, se da la vuelta, se dispone a marchar, mira a los lados. No ve a nadie ¡no puedo irme! dice con los dientes apretados. ¿Cómo fue posible que ocurriera? “¡yo soy yo y mi circunstancia!”, se pregunta parafraseando a Ortega y Gasset.
La ira, acompañado de la impotencia se apoderan de él inmediatamente, la chica entretanto presentaba tres heridas por arma de fuego, una en el pecho, otra en la clavícula derecha y la tercera a la altura del hombro del mismo lado.
El joven deportista decide quedarse, muy nervioso y casi sin poder sostenerse de pie se acerca a la moribunda. Y, ella casi exhalando la última bocanada de aire, le pide ayuda, rápidamente él le pregunta su nombre, ella en los estertores de su vida y con voz trémula le responde me llamo Antonieta, y alcanza señalar con su brazo la dirección que tomó su victimario. Él logra a duras penas ver la figura de un hombre, que corría desesperadamente para perderse entre la maleza. Eso fue lo último que hizo en este mundo la infortunada muchacha.
De nuevo el olor del miedo se apodera de José, ergo, saca fuerzas y pide ayuda, grita desesperadamente ¡auxilio, auxilio! Lo repite una y otra vez mataron a una muchacha, grita nuevamente ¡llamen a una ambulancia, a la policía!, así transcurren varios minutos hasta que por fin una pareja, y un indigente famélico de los que pululan en el parque se acercan con caras de asombro.
¿Qué pasó? le preguntan al unísono la pareja, mientras el indigente, sin inmutarse se aproxima al cuerpo de Antonieta, José lo aparta de un empujón y le grita ¡no toques nada! Entre las pertenencias de la víctima se encuentra su reproductor de música Ipod a un costado de ella y un pequeño bolso de color marrón, también salpicado de sangre.
José trata de hacer una llamada de su celular, pero las lágrimas le ruedan por las mejillas. Se las frota con el puño, pero le siguen rodando, mientras habla y llora, repentinamente recibe una llamada de un compañero de clases y con voz entrecortada le cuenta a su amigo parte de lo sucedido, y éste decide llamar a un familiar que trabaja en el CICPC, al poco rato ya el lugar estaba lleno de curiosos, también la noche había llegado, con truenos y relámpagos, la lluvia era casi inminente.
Comisiones de la División Contra Homicidios, Inspecciones Técnicas, Policía Metropolitana y otros cuerpos de seguridad fueron llegando progresivamente, los detectives al mando del Inspector Jefe Núñez, de Homicidios. De igual manera los funcionarios de Criminalísticas comenzaron a preservar y recabar las evidencias, que estaban en el sitio del suceso, también a tomar nota de los detalles aportado por los testigos y todo aquel que haya escuchado o visto algo.
Las comisiones pudieron detectar en el sitio del suceso que la víctima, tenía todas sus pertenencias. Sin embargo, no localizaron su teléfono móvil. El Inspector Jefe Núñez, al notar ese detalle aportado por uno de sus funcionarios lo primero que se le vino a la mente que el móvil del hecho no era el robo, en las primeras de cambio, ya que no se llevaron el reproductor de música Ipod, de última generación, que es bastante costoso y no muy fácil de conseguir en el mercado. Además, muy llamativo para los delincuentes de poca monta. Inclusive las otras pertenencias de la joven también estaban allí. De todas maneras el investigador Núñez y su equipo no descartaron cualquier hipótesis.
Al poco rato las comisiones de la Medicatura Forense llegaron al parque para levantar el cadáver de Antonieta, totalmente manchado con su propia sangre, José se preguntaba a cada rato y caminando de un lado a otro ¡por qué pasan estas cosas!
Los investigadores tomaron notas y todo lo aportado por José y conjuntamente con la pareja que llegó al sitio del suceso atraída por los gritos de desesperación del joven deportista, fueron citados a rendir declaración en la sede policial.
Una vez en la División Contra Homicidios, y mientras esperaba su turno para ser entrevistado. José, pensaba que lo que pudo haber sido una tarde de ejercicio y distracción, repentinamente se transformó en una pesadilla, una locura, donde una bella joven consiguió la muerte sin más ni más, una muchacha a simple vista con un futuro enorme y prometedor.
A lo lejos en la entrada de la División Contra Homicidios, se escuchaban gritos despavoridos de tres personas que se acercaban, eran los padres y hermano de la malograda Antonieta, que había sido asesinada en el parque la tarde noche de ese domingo.
Los familiares fueron citados e informados por los investigadores para que aportaran alguna información o cualquier aspecto que consideraran relevante que pudiera ayudar a esclarecer la muerte de la joven.
La madre se mostraba ida y desconsolada, lloraba sin cesar, el padre con la mirada fija a lo lejos, a su vez la mantenía en sus brazos, pero en realidad no se sabía quién sostenía a quién. El hermano a todas luces menor que la occisa, parecía como un perro que da vueltas persiguiéndose el rabo, en círculos cada vez más cerrado, una escena desgarradora.
Ante todo esto, José rápidamente se dio cuenta que eran los parientes de Antonieta, y pensar que fui yo, la última persona en verla con vida, se preguntó a sí mismo.
Aunque, con pena y dolor se acercó a ellos y les relató los últimos minutos de vida. Y, cuando les contaba parte de los hechos lamentando la muerte de la muchacha y mientras decía esas palabras, parece como si se diera cuenta de que ha ido demasiado lejos. Se corrige de forma poco convincente. La madre no resiste lo que acababa de escuchar y cayó desmayada.
Los funcionarios de guardia salen en auxilio de la señora y tratan de reanimarla, para proceder luego a la entrevista. José, les informó a los investigadores todos los detalles que vio y escuchó. Incluso, que el asesino de la muchacha, era un hombre. Sin titubear, lo repitió varias veces ¡sí estoy seguro! Lo vi huir e internarse entre los matorrales. Era de mediana estatura, con pantalones blue jean y camisa blanca manga corta, lamentablemente lo vi de espalda.
Los familiares aportaron información valiosísima a los investigadores, especialmente lo relativo a su corta pero tortuosa vida amorosa, que la infortunada mujer tuvo con su ex novio, todo esto fue inmediatamente cotejado con la información suministrada por José.
Una vez que José abandona la sede policial, lo hace caminando como contando los pasos, pronto deja atrás la zona y deambulando por varias horas por fin llega a su casa. Se tumba en la cama, con los brazos cruzados en tensión sobre el pecho, intentando expulsar el demonio que se está apoderando de él. Sabe que ahora mismo a nada se parece tanto como a un cadáver tendido, y que lo que él llama demonio bien puede ser poco más que su alma apesadumbrada, desea estar muerto. Más aún: extinguido, aniquilado.
Igual que aquella inocente mujer que vio morir hace pocas horas en el parque. Sin embargo, en su interior y antes de caer dormido le pide al todo poderoso que ilumine a los investigadores y puedan dar con el paradero del homicida de la chica.
La brigada de homicidios encargada del caso se activó rápidamente y con suficientes elementos recabados, se dirigieron en la búsqueda en primera instancia del ex novio de Antonieta, que tiene por nombre Saúl, a quién no lograron localizar en su residencia ubicada al norte de la ciudad en una de las zonas más populosas y deprimida de esta urbe. Fueron varios los sitios visitados por los investigadores en busca del presunto primer sospechoso de este asesinato.
En los alrededores de la vivienda principal de Saúl, en un vehículo civil dos policías vigilan muy de cerca cualquier movimiento, quién entra o sale del inmueble, tomando nota de todo. Pasan las horas y nada anormal sucede en aquella barriada de calles agrietadas y agua empozada, en los intersticios que separa una casa de otra, muchos de estos inmuebles a medio terminar, con platabanda donde sobresalen vigas y cabillas, se han erigido temblequeantes estructuras de ladrillos de hasta tres niveles, que muchas veces sirven de salón de fiesta.
El cansancio y el tedio hacían mella en los funcionarios policiales que vigilaban la vivienda, el tiempo lo pasaban mandando mensajes y viendo videos en sus teléfonos, entretanto los otros investigadores que están trabajando en el mismo caso, lo hacen buscando información que le pudiera aportar el teléfono móvil de la occisa que no fue encontrado en la escena del crimen y también el del sospechoso, afortunadamente gracias a los datos suministrados por la operadora de telefonía, se ubicó la señal que emitía el celular y el lugar exacto donde éste abría y precisamente se dirigía hacia el sitio que sus colegas estaban custodiando.
Los detectives que vigilaban celosamente la casa donde habita el presunto homicida de la deportista, son rápidamente alertados por sus compañeros de acuerdo a lo arrojado por la telefonía. Al poco tiempo un taxi un tanto desvencijado, de color azul, deja en la entrada de la vivienda custodiada, a un hombre con las características similares aportadas por José y los parientes de la víctima a los investigadores del caso.
Los funcionarios inmediatamente trataron de impedir que el presunto asesino de la deportista ingresara a la vivienda y le dieron la voz de alto, rápidamente el sujeto al verse cercado y sospechando que lo estaban buscando, hizo uso de un arma de fuego y comenzó una intensa balacera, en la refriega cayó herido uno de los policías, su compañero trató de ayudarlo, y al notar que la herida de su colega no era de gravedad, siguió al delincuente velozmente, a su vez pidiendo refuerzos. Saúl huyó entre las humildes viviendas mientras los tiros iban y venían, el apoyo no tardó en llegar y se sumaron inmediatamente en la búsqueda del delincuente, el sujeto al verse acorralado y superado numéricamente trató de huir saltando entre las platabandas. Una tras otra, cual campeón olímpico, los funcionarios infructuosamente trataron de darle alcance.
Los cálculos y la trigonometría al parecer no eran el fuerte del delincuente ya que en su huida frenética de las autoridades, no midió bien la distancia y el ángulo entre una casa y la otra. Quedando ensartado en una de las tantas cabillas que sobresalen en las viviendas inconclusas que pululan en la zona. Se clavó varias de ellas en distintas zonas vitales de su cuerpo, su muerte fue casi de manera instantánea, no dio tiempo de llevarlo a un centro asistencial. Bastante fue el trabajo de los investigadores y los forenses para tratar de retirar el cuerpo del asesino de aquel intrincado lugar.
Le incautaron una pistola 9mm. La misma que utilizó para dar muerte a su ex novia, una cédula falsa y también tenía registros policiales por robo de vehículo y tráfico de estupefacientes. En otras palabras lo que le faltaba era un Nóbel de la Paz.
Una multitud se arremolinó en las afueras de la humilde vivienda tratando de encontrar una explicación a todo aquel barullo, no las había. Pues un hombre le había quitado la vida a una joven mujer que tenía todo el futuro por delante.
Aunque, el destino del asesino no fue muy diferente al de su ex pareja, se cumplieron las plegarias de José, para que el todo poderoso iluminara a los investigadores del caso y dieran con el paradero del asesino de la muchacha. Sin embargo, en este caso no fue de la mejor manera para el delincuente.
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