jueves, 14 de julio de 2011

Papi papi la fuente de agua

Después de varios meses de sequía en todo el país, la más grande de todas las que he podido presenciar y que ha obligado al gobierno de turno  a implementar medidas de razonamiento, no tan bienvenida por la población en general. Sin embargo, a Dios gracias, ha comenzado la temporada de lluvia en nuestro país y de qué manera.
Esperemos que ahora esto que tanto anhelamos meses atrás, no sea crónicas de tragedias anunciadas. Aunque, en algunas regiones del país, las precipitaciones ya han comenzado a hacer estragos, sobre todo en zonas vulnerables. Es decir aquellas cuyas viviendas están cercanas a cauces y quebradas. Nunca aprendemos siempre los mismos problemas.
Particularmente la lluvia, siempre la he asociado con esperanza y vida y no en vano en muchas regiones del planeta donde el preciado líquido es escaso, las condiciones de vida son casi nulas. Afortunadamente en Venezuela las estaciones climáticas son bien marcadas y la lluvia, es decir el agua es una bendición con la que siempre contamos.
En el trayecto de Bello Monte a Bellas Artes, la vía más expedita para hacer el recorrido, es pasando por Plaza Venezuela, y después de varios años de remodelación y algunas reparaciones a la archiconocida fuente, ícono de la Caracas de antaño surge como el Ave Fénix, en este caso no de sus cenizas, sino, de su abandono. En todo caso es lo mismo.
La fuente con sus luces, su resplandor de vitalidad aunado a  los chorros de agua de diferentes tamaños y formas. Me hacen olvidar por un rato, al pasar por acá el stress del tráfico, los motorizados que proliferan, con sus maniobras arriesgadas y el corneteo incesante, muchas veces innecesario que por lo general es agobiante en toda la ciudad capital.
Sin embargo, muchas veces esta vía que transito a diario, se transforma en el paraíso y siento una gran satisfacción y felicidad indescriptible cuando hago ese recorrido con mi pequeña princesa que recién  alcanza los dos años y medio, y ella de sólo ver de lejos la fuente grita de emoción, saltando de su asiento: ¡papi, papi la fuente de agua! casi al unísono le respondo, ¡sí Sofi la fuente de agua!
Mira detalladamente, se da vuelta en su asiento para tener la fuente con mejor ángulo y vuelve a exclamar ¡papi, papi mira la fuente de agua! Y, así hasta pasar y dejar atrás la llamada “fuente de agua”.
 Me imagino que se preguntará realmente. ¿Qué será aquello de donde sale el agua de esa manera?
 Que bendición y poder mágico tiene el agua con sus colores y aún más ver y escuchar a mi hija rebosante de emoción cuando pasamos por aca.



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