miércoles, 13 de julio de 2011

Sofia mi Pequeña

Un 17 de diciembre de 2007 nació mi hija, mi niña, nuestra niña, quién iba a creerlo. Después de haber sarandeado tanto y pasado tantas vainas en esta vida, ¡Ahora soy papá! Luego de revisarla bastante y viéndola una y otra vez, concluir a priori que mi descendiente nació con suerte, ¡se parece a mí!
Para más señas era un lunes aproximádamente las 8:30 de la mañana, el cielo estaba azul y bastante soleado.
Clara señal de que algo grande e importante había llegado: Mí niña bonita. 
Aunque, en su partida de nacimiento aparece 8:30 de la noche, evidente falla de mi parte, cuando la muchacha de la oficina del registro ubicada en la clínica  me pidió que leyera y revisara si el documento tenía algún error, me centré mayormente en verificar el nombre y no otros datos que consideré secundarios, ya que un yerro en ese aspecto tendría que acarrearlo mi hija toda la vida.
El nombre ya lo había decidido la mamá con bastante antelación. Ergo, ya no había discusión en ese tema. 
Confieso que cuando la muchacha del registro me preguntó cómo se escribía el nombre tuve la intención de cambiarle algunas letras para que se escribiera más anglosajón. Es decir Sofía como está en el documento, por Sophie, ustedes saben, que los nombres se escriben tal como aparece en la partida de nacimiento. Y así quedan para siempre.
Debo confesar que cuando me enteré que Yamairí, estaba embarazada lo primero que pensé. Quiero que sea varón, luego en los exámenes y chequeos mensuales rutinarios, seguía manteniendo la ilusión. Hasta que un día, el médico sin titubear, nos mostró claramente que era una niña. De igual manera la alegría y la emoción me embargaron. Cómo pensé ése día y los subsiguientes. ¡Cómo será cuando nazca mi pequeña!
Ese 17 de diciembre, cuando la trajeron por primera vez casi no pude cargar a esa niña cachetona por temor a hacerle daño. Y, hasta unas cuántas lágrimas rodaron por mi cara.
Esa primera noche en  el pasillo de la habitación parecía una fiesta, y en efecto lo era, de ésas que cuando los asistentes al sarao no caben en la casa salen a relajarse a buscar aire en el pasillo. Así sucedió y no exagero, fueron varias las advertencias del personal de seguridad para que hiciéramos silencio y cesáramos la tomadera.
Ya han pasado tres años y dos meses, de aquél momento y cómo ha crecido mi pequeña, estamos en plena época de efervescencia por las tabletas, smartbook y otros artilugios.
El tiempo pasa volando y los cambios tecnológicos nos avasallan.
Quiero que mi pequeña Sofía, aprenda de todo, tengo una fijación con que sea una gran deportista, de esas de alta competencia y además reconocida, también que se destaque en las artes, los estudios y demás. 
Pero en fin, ella será lo que elija ser. Sin embargo, quisiera que entre sus virtudes se distinga  por ser una buena persona, educada, con principios y valores como la que más.
Claro, siempre tendrá mi apoyo irrestricto y trataré de guiarla por la senda del bien, con la ayuda de Dios. Por supuesto. Constantemente le aconsejo y le enseño un poco de todo, que a la postre le servirán en su vida.
Trataré de darle lo que nunca tuve. Pero, sí algo quiero, es que Sofía Alejandra, me recuerde una vez que me haya ido de este mundo, y con eso tendría ganada su bendición, y no es más que: Como un buen padre.

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